El Rincón del Cid

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Creo que toda pasión tiene un punto de origen. Una razón de ser. Por mucho que las pasiones nazcan de lo más profundo de nuestras entrañas sin que las podamos controlar, creo que, al menos en ocasiones, hay un desencadenante.

Para mí, la esencia del negocio hotelero no es otra más que la intención de servir a quien viene a nuestro hotel, a nuestro restaurante, a nuestro albergue. Y servir bien, buscando que nuestro cliente (o “Invitado”, si utilizamos la traducción literal de la palabra utilizada por la lengua inglesa para referirse al cliente, “guest”) quede lo suficientemente satisfecho como para repetir la experiencia y hablar bien de nosotros.

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El logotipo del hotel en los 90

en mi caso, todo se lo debo al Cid, a quienes hicieron posible mi estancia allí cada verano. A ellos, les hago presentes aquí, más que merecido y seguro que insuficiente homenaje.

Cada vez que le doy la llave a un cliente, cada vez que le digo su número de habitación o le explico los servicios de que disponemos en el hotel donde trabajo actualmente, cada vez que viene a pagar su factura y le deseo un feliz viaje y un futuro retorno… En cada uno de esos instantes tengo presentes a quienes se pusieron al timón del Cid con valentía,  y lucharon hasta que ya nada pudo hacerse por mantener esa nave a flote.

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Parking, comedor y piscina para las vacaciones en familia

viene a mi mente la imagen de ese mostrador de mármol sobre una estructura de madera. Mostrador sobre el cual había un timbre de los que antiguamente se utilizaban para llamar al recepcionista en sus eventuales ausencias. Reflejo de un tiempo que desgraciadamente no volverá; pero que es, sin duda, una ayuda para recordar de dónde vengo y para seguir en los momentos de oscuridad, recordándome que hago lo que hago porque es lo que siempre quise hacer.

Todo comenzó en el Hotel El Cid… y, por muchos años que pasen, o por muchos sitios en donde trabaje, todo volverá siempre al Hotel El Cid.

Hasta siempre.

Javier Guijarro Segado
23 de Febrero de 2013
www.hotelsbyjavier.net


ELLOS, LOS CLIENTES, AMIGOS, FAMILIA… TODOS LOS QUE LO VIVIERON Y HAN LLEGADO HASTA ESTE PEQUEÑO HOMENAJE A TAN PECULIAR HISTORIA, HAN DICHO…


“Debo decir que lo suscribo totalmente. 

Como todavía no me he podido recuperar del shock que me ha supuesto, todavía me supone, enterarme de la noticia, no por temida y casi esperada, menos triste, no he sido capaz de adelantar lo que tenía pensado escribir cuando se cumplieran los 25 años de nuestra primera estancia … Algo que, desgraciadamente, no podrá suceder. 

Por eso, de momento, me permito quedarme aquí, simplemente suscribiendo lo que un hijo mío ha descrito tan sintética, como afectuosa y entrañablemente, pero a la vez insinuando sutilmente lo que un grupo de personas sentimos de una manera tan especial como para hacernos repetir año tras año a pesar de todas … sus adversidades. 

Y lo que sentimos para hacernos repetir, año tras año, mucho me temo que no lo podremos volver a sentir, desgraciadamente. 

El Hotel El Cid, “nuestro Hotel El Cid”, ha cerrado sus puertas, pero el recuerdo de tantos momentos agradables no se cerrará nunca en nuestra memoria. 

Y,como el autor de la primera entrada, mi despedida es la misma. 

Hasta siempre.”

Manuel Guijarro Malagón
23 de Febrero de 2013


“Parece que fue ayer … Llegábamos por primera vez al Cid sin haber visto ni una foto del hotel, ni saber exactamente dónde estaba. Una amiga de Castellón nos lo había recomendado y se había encargado ella misma de hacernos la reserva. 

Íbamos con dos niños pequeños y nos pareció un lugar muy adecuado para pasar nuestras vacaciones y por ello al año siguiente repetimos hotel y habitación. 

Cuando el pequeño fue capaz de expresarse dijo que él no quería cambiar nunca de habitación. Por supuesto, tampoco quiso cambiar de lugar de vacaciones. 

Y a medida que nuestros hijos crecían se hacían más estrechos los lazos que nos ataban a este lugar que, para nosotros, se había convertido en un punto de encuentro con la familia: abuelos, hermanos, sobrinos, etc, y con amigos entrañables con quienes de año en año manteníamos prolongadas tertulias en la terraza. Cada año nos apetecía más ir, y nos daba más pena marchar. 

Así han ido pasando los años, casi sin darnos cuenta. Ahora que El Cid cierra sus puertas, se lleva consigo una parte muy importante de nuestra vida, incluso el nacimiento de alguna vocación profesional. 

Lo que fue una “cita a ciegas” se convirtió en una intensa y afectiva relación de 23 años, gracias a todos los que con nosotros compartisteis algo de este tiempo y a los que con vuestro sacrificio y esfuerzo hicisteis que fuera posible.”

Rosa María Segado Fraile
25 de Febrero de 2013


“Cuando fuimos por primera vez en 1.991, habíamos recorrido media España en nuestras vacaciones. Y menos mal, porque después aquí nos quedamos. Nunca quisimos comprar un apartamento por no atarnos a un lugar concreto. Sin embargo, año tras año acabábamos en el Hotel El Cid, que se acabó convirtiendo en el apartamento que no quisimos comprar, aunque sin darnos cuenta se estaba convirtiendo en nuestra segunda casa. Esto ha sido así porque allí encontramos una familia que ha procurado siempre que nos sintiéramos precisamente como en la nuestra. Allí fuimos conociendo otros amigos que sabemos que han sentido algo parecido. Y poco a poco, a lo largo de los años unos y otros hemos formado ese grupo al que tanto cariño he llegado a tener. 

Un gran abrazo a todos y cada uno de vosotros.”

María Pilar García
28 de Febrero de 2013


“Quisiera recordar ante todo a algunas de las personas que hicieron posible veintiún veranos inolvidables en El Cid: Odón, Maribel, Elena, Juan Carlos, Ana, Paquita, Juan Carlos (hijo), Germán, Ángel, Luismi…

A algunos de sus entrañables clientes, como mis ilustres predecesores Manolo y Rosa, Pablo y el “webmaster” Javier, a los que conocemos desde su más tierna infancia. Santiago y Luisa, los animados bailarines en nuestras fiestas. Fausto y su encantadora familia. A la familia Limón. A la “pareja de hecho” Zacarías y Alfonso y a muchos otros integrantes de la pandilla a los que pido disculpas por no mencionar.

Nunca olvidaremos nuestras estancias en las que el buen humor y la camaradería era la nota común y, a pesar de que cada año tratábamos de estar unos días más, siempre llegaba cada vez más rápido el de la vuelta (por cierto, coincidiendo con las Noches de las Estrellas y con muy escasas horas de sueño para el camino).

En definitiva, unas vacaciones para recomendar, pero que desgraciadamente ya no podremos volver a disfrutar más que en nuestros recuerdos.

Y para todos los “ex – cidianos” que leáis estas líneas, un fuerte abrazo y hasta siempre.

José María Arenas
28 de Febrero de 2013


“No es fácil sentarse a escribir cuando uno tiene tantos sentimientos dentro del corazón. No es fácil. Han pasado varias semanas y cuando cierro los ojos y pienso en Playetas… debo reconocer que me emociono, me entristezco, me estremezco. No sé. Es una sensación que podría ser calificada de frívola cuando alguien observa en frío el acontecimiento, el cierre de un hotel, digamos, lo más normal del mundo teniendo en cuenta los tiempos que corren.

Tener que poner en el ámbito de los recuerdos una página que era recurrente todos los años, y que, como todos habéis dicho, se iba convirtiendo en una suerte de tradición que todos queríamos y ansiábamos respetar y vivir… no es fácil. No es fácil mirar las fotos hechas hace tan sólo unos meses y pensar que todo, absolutamente todo, forma parte de una historia que no se volverá a repetir.

Muchos me recordaréis paseando por la playa por la tarde, en busca de respuestas para una vida que se ha revelado apasionante y que no tendría ninguna explicación sin cada una de las personas que forman parte de ella. Otros me recordaréis haciendo el bobo con un micrófono, pero…

Lo que yo recordaré por encima de todo es que en Playetas, en el Cid, me hice persona. Encontré allí la paz que durante los diez meses restantes del año no era capaz de hallar. Encontré allí mi refugio, el sitio desde donde cada verano, levantaba de nuevo mi vuelo y me repetía a mi mismo toda suerte de mensajes con los que salir adelante en un mundo que tantas veces se torna gris. El lugar desde el que me enfrentaba a mi mismo y trataba, a veces con éxito y otras veces fracasando, todo hay que decirlo, de ser mejor persona. 

Supongo que “un nudo en la garganta” es la reacción apropiada cuando uno mira hacia atrás y se da cuenta de todas las cosas buenas que se van quedando por el camino.

Tendría dificultades para elegir un momento después de 23 veranos de estancia. Me quedo con la lección de vida ofrecida por la familia Llopis. Y les deseo lo mejor. Sin ellos… esta historia no habría sido posible.

Y me tengo que despedir. Vendrán otros lugares. Vendrán otras personas. Vendrán nuevas experiencias. Pero, sin duda, creo que todos podemos afirmar sin temor a equivocarnos, que lo que se ha quedado atrás es, por muchos motivos, irrepetible.

Os dejo con Machado y Serrat.

www.youtube.com/watch?v=2DA3pRht2MA

Sepamos aplicar en nuestras vidas todo lo aprendido en tantos veranos. Y sepamos valorar lo que tenemos sin esperar a tener que echarlo de menos.

Un abrazo muy fuerte a todos.”

Pablo Guijarro Segado
8 de Marzo de 2013


“Difícil, muy difícil expresar con palabras tantos momentos, pero sobre todo tanto sentimiento y recuerdo. Sentimiento que solo aquellos que hemos tenido el privilegio de “veranear” en tan incomparable lugar, podemos entender. 

Así es Pablo, te recuerdo (siempre lo recordaré) dando paseos por las playetas, en muchas ocasiones junto a tu hermano Javi (aspirante y claro sucesor de Nadal). También recuerdo a Don Manuel, sentado en la playa, vigilante de que no viniese una ola capaz de engullirlo, y a Doña Rosa, leyendo… 

Santiago y Luisa, esperando que llegasen sus hijos y nietos. Pedro y Asun, José María y María Pilar, Puri y Dani, Zaca y Alfonso, Juan y Carmen, Jesús y Conchi…(como dice José María, si dejo de reflejar a alguien, que me perdone). A todos os doy las gracias por conseguir que cada nuevo verano, supiésemos de un lugar donde encontrarnos y sentirnos especiales. 

Allí, también conocí a Fausto y Susana, a Chemín y a Eva y a sus dos maravillosos hijos, Adrián y Álvaro, cuyo recuerdo siempre me produce mucha ternura y me lleva a pensar que sigue habiendo gente en este mundo que merece la pena. Afortunadamente con ellos nos seguimos viendo, espero hacerlo algún día también con todos vosotros (Lo digo desde el corazón). 

Ana, Ángel, Juan Carlos, Luismi, Germán, GRACIAS. Gracias por habernos permitido vivir momentos inolvidables a todos nosotros. Por hacernos sentir como en nuestra casa, esperando cada verano para volver a ver a la FAMILIA (como tu siempre decías Ana). Confío que se den las circunstancias idóneas para que en algún momento podamos volver a vernos, todo es cuestión de intentarlo, si bien el lugar ya no será el mismo, quien sabe… 

Lo cierto es que me resisto a pensar que se ha acabado, de hecho todavía no me lo creo, o por lo menos no soy capaz de asimilarlo. 

Pablo, si te sirve de algo, yo también me emociono.

Un beso para todos.”

Pablo “Los Cayetanos”
12 de Junio de 2013


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