¿Dónde está el límite?

El otro día me contaba un compañero de curso una desagradable experiencia que había vivido en su hotel.

Cierto día, una de las limpiadoras entró en la habitación de uno de los clientes que había pedido el servicio para ese día. Lo que se encontró al abrir la puerta fue de todo menos una habitación de hotel. El cliente y su familia tenían la habitación hecha no sólo un verdadero desastre, sino una auténtica pocilga también. No contentos con dejar las toallas tiradas por cualquier parte, la ropa desparramada de tal forma que hacer el servicio era tarea milagrosa… además, había suciedad y excrementos por todas partes.

Una descripción más detallada, en boca de mi compañero, dada por la gobernanta era: “hay heces en la bañera, en las sábanas, en la almohada, en la moqueta y en las toallas”

Mi compañero dice que el incidente terminó con una reunión de la directiva del hotel con el departamento de limpieza de habitaciones; se acordó fijar una carga extra al cliente y una compensación a la limpiadora que se encontró semejante panorama al entrar en dicha habitación.

Tras contarme la experiencia, mi compañero y yo nos sumimos en una discusión que nos llevó a hablar desde las distintas formas de afrontar la limpieza de una habitación en un estado así, hasta el límite en el que se puede fijar el comportamiento de los clientes de un hotel antes de mostrarles la puerta de salida con el cartel “Reservado el derecho de admisión” bajo el brazo.

De momento, acepto opiniones. Próximamente, presentaré la mía.

Javier Guijarro Segado
www.hotelsbyjavier.com
fjavierguise@gmail.com

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